Nuestra Historia

Todo comenzó de forma simple. Una conversación entre amigos.

Santiago y Mateo estaban comiendo en un restaurante de poke cuando surgió una pregunta que lo cambió todo:
¿qué pasa con toda la comida al final del día?

Lo que empezó como una duda casual se convirtió en una idea que no podían dejar de pensar. Durante días, le dieron vueltas al problema, cuestionando cómo era posible que tanta comida en perfecto estado terminara siendo desperdiciada, mientras al mismo tiempo muchas personas buscaban opciones más accesibles para comer.

Y la realidad era aún más grande de lo que imaginaban.
A nivel mundial, se desperdicia aproximadamente un tercio de toda la comida producida (alrededor del 30-40%), lo que equivale a más de 1.3 mil millones de toneladas de alimentos cada año. En Costa Rica, se estima que se desperdician más de 1 millón de toneladas de alimentos anualmente, un problema que impacta tanto al ambiente como a la economía local.

Pero no solo es un problema ambiental. También es económico.
A nivel global, el desperdicio de alimentos genera pérdidas superiores a $1 trillón de dólares al año. En Costa Rica, los restaurantes, panaderías y cafeterías pierden millones de dólares anualmente debido a excedentes que no logran vender, afectando directamente su rentabilidad.

Ahí fue cuando lo vimos claro.
Había un puente que cerrar.

Un puente entre negocios que pierden dinero y comida, y personas que estarían dispuestas a aprovechar esos productos a un mejor precio.

Pero la idea no se construyó sola.

Desde los primeros días, todo fue acción. Madrugadas en San José centro a las 7:00 a.m. entrevistando personas en la calle e incluso a miembros de la Fuerza Pública para entender hábitos reales de consumo. Horas caminando por condominios, sin carro, tocando puertas y haciendo entrevistas para ajustar cada detalle del MVP.

Hubo momentos clave que marcaron el camino.
Como la llamada con Granier, hecha desde el cuarto de Mateo, donde por primera vez un negocio confió en la visión y decidió apostar por una prueba piloto.
O las conversaciones con cafeterías, sentados en la UCR, tratando de entender la operación desde adentro, y luego analizando el modelo y aprendiendo sobre herramientas como los SAFE (Simple Agreement for Future Equity), entendiendo cómo escalar y financiar una idea de manera inteligente.

Cada paso, cada conversación y cada error fue parte del proceso.

Hoy, Last Bite no es solo una idea.
Es el resultado de cuestionar lo normal, de salir a la calle, de escuchar, de aprender y de construir.

Y esto apenas comienza.

Estamos aquí para cambiar la forma en que consumimos, ayudar a los restaurantes a recuperar valor y reducir el desperdicio de alimentos.

Un bite a la vez.

Mateo es un emprendedor apasionado que, desde muy joven, ha tenido un fuerte interés por los negocios y la creación de proyectos. A lo largo de los años, ha desarrollado iniciativas en distintas industrias, comenzando con 3 tiendas e-commerce, la importación de productos de ski desde China y Japón, y la inversión en commodities.

Su experiencia también incluye el desarrollo de productos innovadores, como ropa a base de neoprene de limestone con un enfoque más sostenible, y la creación de un cubo impulsado por energía solar diseñado para brindar soluciones en zonas rurales. Esta diversidad de proyectos refleja su curiosidad constante y su capacidad para explorar oportunidades en diferentes mercados.

Actualmente, Mateo es estudiante en Country Day School y planea estudiar Emprendimiento y Negocios Internacionales en Estados Unidos, con el objetivo de seguir expandiendo su conocimiento y alcance en el mundo empresarial.

En Last Bite, Mateo aporta una mentalidad estratégica y orientada a la ejecución, enfocándose en transformar ideas en soluciones reales. Su enfoque en identificar oportunidades, desarrollar modelos de negocio escalables y generar impacto ha sido clave en la construcción y visión del proyecto.

Mateo Souza

Santiago es un emprendedor con una visión estratégica forjada en un entorno internacional, habiendo cursado un semestre de Administración de Empresas en la University of Kansas (KU). Esta base académica le ha permitido liderar proyectos con una estructura de negocio sólida y una mentalidad global.

Actualmente, Santiago se encuentra cursando la carrera de Ingeniería en Inteligencia Artificial, lo que le otorga un perfil híbrido poco común en el ecosistema startup. A diferencia de los perfiles puramente administrativos, él aporta una capacidad técnica directa a sus proyectos: además de ejercer el liderazgo estratégico y la gestión de equipos, se involucra activamente en la arquitectura y codificación de las soluciones tecnológicas.

Como fundador de Last Bite, Santiago combina sus habilidades de gestión con su dominio técnico para asegurar que la innovación en Inteligencia Artificial y el desarrollo de software estén perfectamente alineados con los objetivos de sostenibilidad y rentabilidad de la empresa. Su enfoque se centra en cerrar la brecha entre la visión de negocio y la ejecución técnica de alto nivel.

Santiago García

“Descubrí Last Bite hace poco y me encantó la idea. He podido comprar comida de muy buena calidad a mejores precios, y además siento que estoy ayudando a reducir el desperdicio. Es súper fácil de usar y siempre encuentro algo diferente. Definitivamente se ha vuelto parte de mi rutina.”

-Gonzalo matallana